La leyenda de la Mora encantada

La aventura de los moradores de Cervera tiene su origen en Córdoba, cuando el general Al-Yerid había sido padre de una niña, cuyo nacimiento había costado la vida de su esposa. Un mago llamado Mohamed, famoso por sus adivinaciones, predijo el futuro de la pequeña; en su juventud, el corazón de la niña sería atravesado por el dardo emponzoñado de un cristiano, y solo si huía lejos, habría salvación para la niña. Al-Yerid, pidió al Califa de Córdoba, Abderramán, huir lejos de Córdoba, hacia un pequeño pueblo al norte, Cervera, en el cual fue nombrado Abú Alhama, Emir de Cervera.

 

Cervera era una pequeña villa que se abría a uno y otro lado del barranco Tollo, el cual arrancaba en la cueva del Marimón. Esta cueva era un pequeño hueco que el tiempo había hecho al principio del barranco.

 

Al poco de la llegada del Emir, la princesa y su numeroso séquito, levantaron un imponente castillo inexpugnable, en el cual se construyó para la princesa, un estrecho pasadizo que bajaba hasta un escondido rincón del río, más conocido como la cueva de la Luna.

 

En este castillo fue creciendo la princesa Zahara, quien había dejado atrás la niñez y se había convertido en una hermosa joven, prometiéndose en matrimonio con Alí, hijo del mago Mohamed. Este fue acogido por el Emir tras la muerte de su padre en una de las cruzadas en Toledo. El casamiento entre ambos era una realidad, y ya estaba todo preparado para llevarlo a cabo, pero Alí debía cumplir una promesa que había hecho a su padre; no tomar casamiento hasta no dar muerte a un cristiano como venganza a la muerte de su padre.

 

Un día, Alí volvió con sus tropas de una de sus incursiones en tierras enemigas y trajo consigo como prisionero a un noble cristiano. Todos en el castillo festejaron la captura del cristiano, ya que eso significaba el pronto enlace entre Zahara y Alí. Todos menos Zahara, a quien le atormentaba la idea de que un hombre fuera a morir en su castillo. Pidió a su padre la libertad del cautivo como ya era costumbre. Abú Alhama no cedió ante las peticiones de su hija, ya habían sido varias las ocasiones en las que la princesa había conseguido su propósito, pero esta vez se mantuvo firme, aunque le permitió visitar al cristiano en los calabozos.

 

Al entrar en las mazmorras, princesa y cautivo cruzaron sus miradas. El hombre esperaba al verdugo, pero se encontró con el rostro de aquella joven, y ella, esperando encontrarse un hombre terrible y despiadado, se encontró la mirada profunda y pacífica de un joven cristiano. El cristiano se presentó como Fortún, hijo de Hernán, lo que produjo en Zahara una expresión de sorpresa y alegría, contrarrestada por la confusión de Fortún. Ella le explicó que todo el mundo en el castillo conocía a su padre Hernán, puesto que este cristiano había salvado la vida del Emir en una batalla en las faldas del Moncayo.

 

Zahara fue en busca de su padre, alegando esta situación como aliciente para liberar al cristiano cautivo, y tras una conversación entre el cristiano y el Emir, este decidió liberarlo, ofreciéndole además estancia en su castillo para siempre si él lo deseaba. 

 

Fortún, prendado de la belleza de la princesa, decidió quedarse en el castillo por un tiempo. Algo que Alí no recibió de muy buen agrado, ya que era su prisionero, además de ser la llave para su casamiento con la princesa. Alí recordó al Emir su promesa, e insinuó un levantamiento contra él, impasible, el Emir declinó todas las peticiones del pretendiente de su hija. Alí, lleno de ira y consumiéndose por la rabia, marchó al campo de batalla para cumplir su promesa y en busca de venganza.

 

Durante el tiempo en que Alí estuvo lejos de las murallas del castillo, Zahara y Fortún fueron sucediendo sus encuentros, en los que ella insistía para que Fortún se quedase en el castillo, mientras él protestaba por un futuro incierto y lejos de los suyos. Fue forjándose un vínculo de amor entre ambos jóvenes, desapareciendo de sus conversaciones las preguntas y las dudas para dejar paso a las afirmaciones apasionadas. Su amor cada día era más fuerte, y las sombras eran atajadas por el cristiano con una promesa firme; el día de su boda, ambos tendrían la misma religión. 

 

Una mañana, Zahara decidió confesarle a su padre el amor que sentía hacia el cristiano, lo que provocó la ira de su padre, que recordó en ese momento la profecía del mago Mohamed; el corazón de la joven sería atravesado por el dardo emponzoñado de un cristiano. Abú Alhama, amenazó a su hija castigando la osadía del cristiano y la debilidad de su propia hija, pero ella, desesperada, le prometió a su padre que Fortún se convertiría al islam antes del casamiento y juró que nunca había amado a Alí, únicamente complacía los deseos de su padre. El Emir mandó llamar a Fortún para interrogarlo sobre sus intenciones, sorprendiéndose con las declaraciones del cristiano. Aseguró que, pese a la llamada de la patria o la religión, y a riesgo de ser condenado por su rey y por su propio padre, no podía dejar el castillo ni a su princesa. Además, ante el Emir juró que el día del enlace, ambos tendrían la misma religión, lo que hizo que el Emir instara a Fortún para que en un mes se instruyese en la mezquita con el imán. 

 

La alegría inundó el castillo, pero la celebración se congeló con la llegada de Alí al castillo. El guerrero volvía lleno de euforia tras haber conseguido cumplir con su promesa en una escaramuza cerca del Ebro, pero enfureció tras enterarse de los amores entre su princesa y el cristiano. Después de una breve conversación con el Emir, que no atendió sus razones, Alí juró venganza y abandonó el castillo.

 

Se dirigió hacia la cueva del Marimón, donde se encontraban todos los bienes que le había dejado su padre, el mago Mohamed; pergaminos con raras inscripciones, los más raros instrumentos, y una pequeña caja de Agatha, la enigmática cuerda de los doce nudos. Alí comenzó a estudiar todas aquellas cábalas en busca de la mejor forma de perpetrar su venganza.

 

Mientras tanto, los enamorados, indiferentes a la situación que les rodeaba, seguían prometiendo amor eterno mientras trataban sus dudas. A Fortún no le convencía la idea de convertirse al islam, por lo que fue aprovechando sus encuentros con la princesa para hablarle de su religión, pero a Zahara le atormentaba la idea de abandonar a su padre y el castillo. Fortún le propuso una huida para casarse bajo los ojos del dios cristiano, para luego volver al castillo y suplicar el perdón de Abú Alhama con la esperanza de que entonces, calle la religión y hable únicamente el amor de un padre. Zahara accedió y desde entonces comenzaron a urdir el plan de huida.

 

La suerte quiso que el día elegido para la huida fuese el mismo en el que Alí estaba a punto de conseguir el nudo número trece de la redecilla encontrada en la cueva del Marimón, un pequeño cordón, cuya historia se remontaba al Antiguo Egipto. Cada uno de sus nudos lograba un prodigio diferente, un judío llamado Lobeith había conseguido atar hasta el nudo número doce, cuyo prodigio convertía a la propia cuerda en un arma mortífera. Con este nuevo nudo, Alí tenía la posibilidad de que la cuerda sirviese para hacer invisible a una persona, que gozaría, o sufriría, a gusto del mago que lo anudase. El estado perfecto llegaría con el nudo catorce, atado este, bastaría tocar la cuerda para infundir vida y paraíso a todos los magos y sabios que hubiesen trabajado en ella. 

 

 

Alí siguió a los amantes mientras se dirigían fuera del castillo, a un lugar próximo donde Fortún había escondido los caballos antes de su partida. Una vez allí, Zahara abrió un pequeño cofre con un pergamino en el que se hallaba una bandera blanca bordada con una cruz azul, y todas sus joyas, con una carta en la que pedía que quien encontrase aquella arqueta utilizada ese dinero para levantar un templo en honor a María. De esta manera, explicó a su amado que, si tenían que huir lejos de su casa para poder casarse bajo la protección de la Virgen María, por qué no tenerla cerca cuando volviesen al castillo. Así, enterraron la arqueta en el cerro frente al castillo y prosiguieron con su plan de huida.

 

Mientras Fortún preparaba los caballos, Zahara enterraba la arqueta siendo sorprendida por Alí, que, consumido por sus malvadas pretensiones, lanzó el encantamiento sobre la princesa, quien desapareció en ese instante. Fortún en ese instante se lanzó sobre Alí, y tras una lucha entre ambos, el cristiano acabó con la vida del moro, quien le juró que jamás volvería a ver a su princesa, que sólo volvería a la vida una vez levantado el templo. La lucha alertó a la guardia, y Alí, a punto de expirar, acusó al cristiano de la muerte de la princesa. Las tropas de Alí y las gentes de Cervera clamaron por la muerte de Fortún y en pocos minutos se conoció la sentencia del Emir; el cristiano moriría colgado de las almenas del castillo al amanecer del nuevo día. Poco tardaron las gentes de Cervera en comprender su error, pues al anochecer, un llanto seco acompañado de la silueta de una mujer surgía de la cueva de la luna, llorando por su amado.

 

Los acontecimientos se precipitaron, poco después de ser ejecutado Fortún, el Emir Abderramán II llamó a los musulmanes del castillo de Cervera a la batalla de Clavijo en contra del Rey Ramiro. Una vez allí, las tropas musulmanas se enfrentaron a las tropas de Hernán, siendo perseguidas por ellos hasta el castillo de Cervera. Cuando Hernán y los suyos llegaron a la fortaleza vieron como los musulmanes habían dado muerte a Fortún, comenzando así una cruenta batalla que dejó el castillo en ruinas. Las tropas cristianas recogieron el cuerpo sin vida de Fortún y marcharon con él.

 

Nuevos pobladores fueron llegando a la reconquistada villa cristiana, pero en la noche, la sombra de Zahara llenaba de pavor a los cerveranos, quienes poco a poco, y siempre durante el día, se atrevían a circundar la encantada cueva de la Luna.

 

Un pobre pastor, buscando un mejor alimento para sus cabras, comenzó a frecuentar la colina donde los amantes enterraron su arqueta, y jugando con su bastón, descubrió la cadenilla que estos habían dejado como señal. Escarbando apareció el tesoro, la bandera y el pergamino, pero la codicia lo llevó a ocultar su descubrimiento y a gastar parte del tesoro en secreto. al año, coincidiendo con la noche de las ánimas, moría el pastor, y en su lecho de muerte confesó su descubrimiento.

 

Conocido el deseo de la princesa mora y el triste final de los enamorados, todo se dispuso para construir la ermita de la Virgen del Monte. cuentan que las obras fueron acompañadas de mil prodigios en las ruinas del castillo, y que un día que se conmemoraba la ascensión a los cielos de la Virgen, la bandera de Zahara ondeó sobre el pueblo de Cervera. aseguran que desde ese día la sombra de la princesa no volvió a aparecer, cuentan que vieron por los viejos torreones a una joven que no volvió a aparecer, quizás fuera la joven princesa, que, en un convento cercano, murió al poco tras ser bautizada con el nombre de María.

Contacto

Dirección: Plaza de la Constitución, s/nº
26520 Cervera del Río Alhama (La Rioja)
Teléfono: 941 19 80 00
Fax: 941 17 71 77
Horario de atención al público: De lunes a viernes de 8.00 a 14:30 horas
[Ubicación: planta baja / derecha]
Correo electrónico:
ayto@cerveradelrioalhama.org


Deprecated: htmlspecialchars(): Passing null to parameter #1 ($string) of type string is deprecated in /srv/vhost/aytocerveradelrioalhama.larioja.org/home/html/modules/mod_search/mod_search.php on line 44